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Viernes en la noche

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Era viernes. Mi nueva amiga D. me había invitado donde su tío, que estaba de cumpleaños. Curioso...

Llegamos a independencia a eso de las 9 y media de la noche. Al entrar al departamento me vi rodeado de rusos. Es verdad, rusos. Aparte de personas hispanohablantes con distintos acentos. Una rusa hablaba mexicano, deveritas, deveritas...

Resulta que este caballero vivió en rusia 6 años para el 70'. Muchos pensaban que rusia iba a ser la potencia del futuro en ese entonces, me dijo.

Bueno, rusos y músicos. O rusos que eran músicos, que también habían. De hecho una señora empezó a cantar folcklore ruso y música gitana; aplausos varios.

Cantamos y tocamos algunos instrumentos que estaban ahí. Conocí el huiro, no el que se fuma, sino el instrumento hecho de un cilindro de madera (lo he visto en metal), que se raspa con un tridente de alambre. Lo usan en la cumbia, sobre todo villera y suena chik-chikichick-chikichik...

(justo escuché a Jean Michel Jarre y me pregunto: ¿cómo sacar un huiro en sintetizador?)

Ronda de presentaciones. Cada persona, un mundo. Encuentro de mundos...

¡Que noche! A ver si nos vemos antes de que te vayas, estimada.

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ACTUALIZACIÓN: Ahora cacho que el huiro se escribe güiro, y es un instrumento que parece ser cubano... no confundir con el guajiro.

Cuando la manzana ya no es tan sabrosa

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Todos nos vamos a morir. La vida es un regalo muy preciado. Cada hora, minuto y segundo de vida.

Entonces, ¿qué quieres ahora?

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Tengo una deliciosa manzana.
Quiero probar su dulce nectar.
Pero ella no se comparte por ahora.
Quizás espera,
creyendo en eternidades de disfrute que nunca llegan.
Mientras el tiempo pasa,
y la manzana se tuesta con el sol.
Ya pasaron algunas semanas.

Le pregunto a la manzana:
¿Acaso no quieres ser disfrutada?
¿Esperas al amado mortal que se acerca
con el tiempo dilatado que te mata?

La manzana arrugada sigue soñando
Y me pasan un racimo de uvas frescas...

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Si el momento pasa, pasa tú.

Cosas que pasan...

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Iba saliendo de la U por Las Pakneras, en bici.
Llevaba a Nietzsche atrás, en la parrilla.
Estaba a punto de caerse, pero no me importó.

En un momento miré para atrás y ya no estaba.

Esa fue la última vez que lo ví.