miércoles, 30 de abril de 2008
La imprescindible
Llegan momentos en que todo se vuelve llagas sobre tus adoloridos hombros,
en que la sed de justicia y sentido se mezcla con la sed de venganza;
la mira se centra en tu venado y con tus furiosos pensamientos atacas la vida tierna.
¡Y las olas del mar sangriento azotan las costas vígenes!
¡¡¡Y SUEÑAS CON SABOREAR LA SANGRE DEL DIFUNTO ODIADO!!!
Y...
Entonces...
Entonces se hace presente la persona impresindible.
Esa persona que tiene la maravillosa habilidad de estar ahí, contigo.
Cuentas con ella.
Y de alguna forma, ves una luz de Amor al final del tunel.
Y sueltas el puñal.
lunes, 28 de abril de 2008
Sin Título 1
viernes, 25 de abril de 2008
Mamás-Ratonas-Superlamedoras y la Epigenética
Les presento en primer lugar el concepto de la epigenética. Un investigador, Michael Meaney, estudió a unas mamás-ratonas que lamían mucho a sus crías y las comparó con otras mamás-ratonas que las lamían poco. Las ratitas bien lamidas tenían una respuesta más adaptativa a situaciones de stress siendo adultas.
Lo interesante es que en otro experimento, le pasaron a una mamá-ratona-superlamedora algunos hijos de la camada de una mama-ratona-escasamente-lamedora, y vice versa. Resulta que en cuanto a respuesta al stress, los hijos adoptivos de la madre superlamedora no se diferenciaban de sus hijos biológicos. Tampoco era posible distinguir a los hijos adoptivos de los biológicos en la mamá-ratona-escasamente lamedora.
Ahora bien, hay un gen particular que se traduce en una proteína captadora de serotonina en el hipocampo, lóbulo parietal. Si el gen es, por decirlo así, largo, el hipocampo de los ratoncitos capta más serotonina, lo que los haría más resistentes al stress. Si el gen es corto, los hipocampos de los ratones captan menos serotonina y se ven más perturbados por el stress.
¿Pero que pasa si estos ratoncitos bebés con genes de captadores de serotoninas cortos se los pasas a una mamá-ratona-superlamedora? Todos los ratoncitos, biológicos y adoptados, aparecen como resistentes al stress.
Entonces, hay un mecanismo de bloqueo de la expresión genética producto de la interacción del ratoncito gen corto con una mamá-ratona-superlamedora. La interacción evitó que se expresara el gen. Esto es un proceso bioquímico que se realiza en la parte promotora o de inicio de la codificación de un gen.
Si entendí bien, esto es la epigenética: la modulación de la expresión de un gen producto de una interacción del individuo con un ambiente (incluido el ambiente social) específico. Esto ocurre, en el caso del lamidok, en etapas críticas del desarrollo, en general en la infancia. Pasado el periodo crítico, los lamidos no influyen en la respuesta al stress.
Ahora bien, ¿esto solo ocurre en las ratas? Tiendo a pensar que no y que muchas de nuestras características especificadas en los genes se ven modificadas por nuestra ontogenia, nuestra historia de vida organismica.
Ahora bien, ¿cómo lamen las mamás humanas a sus bebés? Yo no sé de mamás que laman a sus hijos, pero algo he escuchado sobre interacciones sanas entre mamás y recién nacidos y la teoría del apego de Bowlby y todos su seguidores. Entonces, como la Dra Crtittenden lo plantea, la vinculación temprana puede compensar o anular los efectos de una genética deficiente en muchos casos. Cosa controvertida si piensas que nuestros genes determinan nuestra vida.
Ahora bien, si a las mamás-ratonas-superlamedoras se las depriva de alimento y estimulación en general, ¿creen ustedes que seguirán siendo tan superlamedoras? No, las mamás tienden a preocuparse más en alimentarse y sobrevivir que en lamer a sus crías. ¿Qué pasa entonces con las madres humanas en situación de precariedad?
Corolario: la pobreza y las condicones sociales favorables o desfavorables van modulando la expresión genética.
Mis saludos a Lamark y ándate con cuidado, Carlitos Darwin!
lunes, 21 de abril de 2008
Tres Encuentros y Tres preguntas
¿Será que los cursos azarosos del Devenir posicionaron mi ficha y la tuya en espacios contiguos de la ciudad para que nos encontráramos así como por casualidad?
¿O que los hilos de luz cosquillosa que a veces tejemos en encuentros de índole cósmica en realidad no te dan cosquillas, sino miedo?
¿O que Destino, el Grande tiene un festín preparado para esta pareja de invitados, que con la carta en la mano, aún no se saben invitados al jardin de las delicias?
viernes, 18 de abril de 2008
Un huevo no es pollo
Por Pedro Lemebel / La Nación Domingo
Ojo de loca no se equivoca
Un huevo no es pollo
Alguna vez le pregunté a mi madre si se había hecho algún aborto. Me dijo que sí con aburrida indiferencia y después hablamos de otra cosa, mientras ella apagaba la tele donde el cura Hasbún vomitaba sentencias y amenazas con cola de lagarto.
Algo hay que decir, al menos desatar la ira frente a la impudicia de cinco momias del Tribunal Constitucional que se arrogan el derecho de apoderarse del cuerpo de la mujer para decidir sobre sus proyectos fecundatorios.
Pareciera que después de tanto andar en el difícil trayecto de la liberación, ciertos proyectos de identidad que creíamos ganados son remitidos a la mazmorra feudal del catolicismo inquisidor. ¿Pero quiénes hablan de la vida y la familia con la boca llena de espermios vinagres? La misma derecha miliquera cómplice del crimen a mansalva.
¿Quién habla de la vida y pone los ojos blancos mirando al Altísimo? El mismo prelado al que se le espumea la boca negando el condón, que es el único salvoconducto en la frontera del sida. ¿Acaso, señor eclesiástico, su celibato pedófilo es más recomendable? Tal complicidad retrógrada entre los magistrados y la curia violenta el derecho que tiene toda mujer a decidir sobre su cuerpo. Si no eres dueña de tu cuerpo, mujer, ¿de qué mierda eres dueña? Mujer pobre, mujer proleta, mujer obrera, cansada de trabajar, lavar, educar, amamantar a la prole que, según estos beatos, te manda Dios. Como si Dios te diera un bono de mantención para la crianza. Como si los críos vinieran con una beca divina. Mira tú, si los ricos Opus pueden darse el lujo de parir a destajo porque les sobran las lucas.
En el fondo, como dice una amiga, este pastel podrido es segregación clasista. Que tengan guaguas como conejas las cuicas UDI, que tienen servidumbre para que les críen a los nenes blanquitos. Porque también, si ellas no quieren, pueden hacerse el aborto de un millón, en el fundo o con el médico de la familia, y después llegar regias al cóctel en La Dehesa.
Pero esa realidad glamorosa no es la suya, señora pobla. Con cueva ha logrado tener tres niños, y aun así, usted y su marido se sacan la chucha para educarlos. Y esa monserga de la vida, del huevito, del feto de días que piensa, canta ópera y recita la Biblia, el feto filósofo que es más que un ser humano.
Quién sabe, quién tiene la seguridad del momento cuando empieza el mambo de la vida. Pura culpa y más culpa que le meten en la cabeza. Como dice mi amiga feminista Raquel Olea, ¿cuando usted se come un huevo, qué se come: un huevo o un pollo. Dirán que esto es facilismo. ¡Manual feminista!, gritará alguna cuica Opus. ¿Y qué? Todas las mujeres populares saben del aborto, del palo de perejil, del alambre y de los riesgos que corren con las aborteras clandestinas.
Además, todas conocen los malos tratos y crueldades a que las someten en las postas públicas cuando llegan con hemorragia. La culpa cultural es la construcción madre, virgen y mártir que ha hecho esta sociedad occidental de la mujer. ¿Qué sabe el hombre de un cuerpo agredido en su género desde que nace? Nació chancleta, decía antes la gente, y las perritas se ahogaban en el río.
Lo mismo pueden decir de mí; qué sé yo de esto, de un territorio corporal tan vasto y mortificado por un designio religioso y parturiento. Y quizá tendrían razón, pero me complicito con la libertad del cuerpo mujer y sus decisiones de supervivencia, de tener o no hijos, de tomar la píldora del día después, después de tener un rico sexo espumeante. ¿Por qué estos rígidos señores condenan a la clase trabajadora a tener sexo sólo procreativo? ¿Y si el polvo era sólo por calentura casual? Si la cachita era sólo para pasar la neura, sólo por deseo. Ustedes, señoronas de misa dominical, ¿conocen la palabra deseo? ¿O sólo se abren de piernas para tener hijos? Pero ese es problema de ustedes, y no tienen que imponer esa moralina al país entero.
Tampoco se crean las damas zorrijuntas que llegar al aborto es una gimnasia recreativa. Si fallaron las pastillas, si no resultó el tarro, si el condón se rompió, la colegiala, la pobladora, tiene que vender lo que no tiene para arriesgarse con un raspaje con gillete mohosa.
Alguna vez le pregunté a mi madre si se había hecho algún aborto. Me dijo que sí con aburrida indiferencia y después hablamos de otra cosa, mientras ella apagaba la tele donde el cura Hasbún vomitaba sentencias y amenazas con cola de lagarto. LND