martes, 2 de febrero de 2010

Lección de Tango

Mi lección de tango llego
allí, donde mis vecinos del frente;
en ese recinto en donde hace 2 años lloré con la L.
y un plato de tallarines a la Boloñesa que esperó mi llanto.

Ahora llegaba a una ronda de ejercicios previos a las caminatas lineales.
Luego comenzamos.
Comenzó el juego de tensiones que logré asimilar con pasos de cierta seda en depuración.
Mi mirada de novato que vacila
al chocar con la cercanía de ojos femeninos que descansan en tu mirar.
El sonido anciano que seguí o intenté seguir
y que marcaba el ritmo discontínuo de mis pasos de niño grande.

Las nuevas reglas de las linealidad corporal y de la coordinación y tensión de ejes personales que configura al tango, se mezclan con la facultad de la consistencia vertical del hombre que se encuentra con la sensibilidad desplazada de la mujer fluyente.

Se generaron espacios de desplazamiento acariciante de pisos y luchas de fuerzas sutiles,
o sea,
espacios constantes de encuentros de miradas y tacto vinculante y comunicante.

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